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Si bien la jurisprudencia no prohíbe el uso de inteligencia artificial, sí establece un principio familiar para quienes llevamos años en la profesión: la tecnología apoya, pero no sustituye el análisis, el criterio ni la responsabilidad individual del profesionista consumado, experto en su materia.
Utilizar inteligencia artificial sin supervisión, sin control de calidad o sin capacidad de explicar cómo se llegó a un resultado, es tan riesgoso como firmar un documento que no se ha revisado.
La adopción de inteligencia artificial no elimina riesgos operativos ni fiscales por sí misma.
Si no se establecen controles, criterios de uso y validación humana, la automatización puede generar errores con impacto económico y legal.
Esta jurisprudencia refuerza la importancia de:
● usar la tecnología sólo cuando es pertinente,
● cuidar el manejo de información sensible,
● y asegurar un uso profesional que ayude a comprobar la materialidad de las acciones, y no a ponerlas en entredicho.
El mensaje es directo y conviene no perderlo de vista: la autoridad no va a sancionar a la inteligencia artificial; va a sancionar al profesionista.
Quien presenta información, automatiza procesos o emite documentos sigue siendo responsable de:
● los datos utilizados,
● la lógica aplicada,
● y las decisiones tomadas a partir de esos resultados.
Suprema Corte de Justicia de la Nación. (2026). Inteligencia artificial aplicada en procesos jurisdiccionales. Elementos mínimos que deben observarse para su uso ético y responsable con perspectiva de derechos humanos (Registro digital 2031640). Semanario Judicial de la Federación